- ¿Estarías dispuesto a dejar Málaga sólo para estar conmigo? -
- Lo dejaría todo únicamente por estar contigo
La mirada del chico dicen la verdad, lo sabes desde aquel concierto al que asistieron de Dani Martín. Desde aquel día supo que su corazón latía por aquel malagueño que se había ganado con creces formar su corazón. Desde que probó del veneno de sus labios y no murió sino que se enamoró. Y otra vez, sus labios, vuelven a juntarse con los de él.
- ¿Y qué pasará ahora?
- Pase lo que tenga que pasar yo te voy a seguir queriendo. No importa lo alejados que estemos, lo que yo siento por ti, no lo voy a cambiar nunca.
Sus ojos se emocionan al escuchar sus palabras. Ha tenido la inmensa suerte de haberse encontrado con un ángel de la guarda de esos que ya llevan las alas incorporadas. Los brazos del chico rodean a la chica, y esta, apoyando la cabeza en su hombre, siente los latidos de su corazón. Es la mejor canción que pueda escuchar. Cierra los ojos y se imagina el futuro con él. Aunque tiene que reconocer que tiene miedo de la palabra Siempre, porque las relaciones a su edad no son nada fácil.
- Prométeme una cosa. Promete que sólo tendrás ojos para mí, que únicamente me coronarás a mí, y no a otras.
- No te lo prometo, si no que, además, te lo aseguro.
Los ojos de la chica se clavan en los de él durante unos cuantos segundos, hasta que los dos, sin seguir un guión, sonríen mientras la noche llega a la última noche del verano. Al día siguiente empezarían la universidad, y aunque ya saben que coincidirán en carrera, y en residencia, lo que no saben, es lo que les tendrá preparado el futuro. Porque ya se sabe que la palabra siempre muy pocas veces aparece en el diccionario del amor.
- ¿Cómo crees que será el futuro?
- ¿A qué te refieres?
- Digo, ¿Qué pasará mañana, cuando estemos en la universidad?
- Pase lo que pase, yo te seguiré queriendo.
- Ya, pero, ya se sabe que cuando una pareja entra en la universidad, no tarda ni tres meses en separarnos.
- Siempre hay una excepción que confirma la regla, y nosotros, la cumpliremos.
- ¿Y cómo?-
- Enamorándome de ti cada día.
- ¿Y si engordo?
- Yo haré que los espejos desaparezcan y solo te reflejes en los míos.
- ¿Y si te pierdo?
- Iré a buscarte
- ¿Y si no me encuentras?
- Iré a buscarte, y no me detendré solo en eso, haré todo para encontrarte.
- ¿Y si te olvido?
- Yo tengo amor suficiente para los dos
La joven sonríe nuevamente al escuchar las palabras de su novio. ¿Novios? Sí, nadie había dicho lo contrario. ¿Desde cuándo se pueden considerar como novios? ¿Desde la primera vez que quedan solos? ¿Desde el primer beso? ¿Desde que lo haces por primera vez? Pero de momento, nadie había dicho ni lo uno, ni lo otro. El reloj del chico marcó el toque de queda. Las once y media.
- Creo que deberíamos volver ya a casa. Tu madre se enfadará si no estás antes de las doce -dijo el chico abrazando aún con más fuerza a la chica.
- Tienes razón. ¿Cuándo nos volveremos a ver?
- ¿Qué tal mañana?
- ¿Donde?
- En la residencia...
- ¿A qué hora vais a salir de aquí?
- A las once saldremos de aquí ¿Y vosotros?
- Mi madre quiere salir de aquí a las nueve.
- ¿Sabes qué?
- Dime.
- Tal vez nos encontraremos en Madrid
- Eso es seguro, vamos a estudiar en Madrid.
- Te quiero.
- Te quiero.
Y con un nuevo beso bajo la luz de una farola, y la luna y las estrellas como únicos testigos del amor adolescente, sellan sus labios como si de un trato se tratara, pues Cupido también está presente en una residencia de universitarios.
- ¿Y qué pasará ahora?
- Pase lo que tenga que pasar yo te voy a seguir queriendo. No importa lo alejados que estemos, lo que yo siento por ti, no lo voy a cambiar nunca.
Sus ojos se emocionan al escuchar sus palabras. Ha tenido la inmensa suerte de haberse encontrado con un ángel de la guarda de esos que ya llevan las alas incorporadas. Los brazos del chico rodean a la chica, y esta, apoyando la cabeza en su hombre, siente los latidos de su corazón. Es la mejor canción que pueda escuchar. Cierra los ojos y se imagina el futuro con él. Aunque tiene que reconocer que tiene miedo de la palabra Siempre, porque las relaciones a su edad no son nada fácil.
- Prométeme una cosa. Promete que sólo tendrás ojos para mí, que únicamente me coronarás a mí, y no a otras.
- No te lo prometo, si no que, además, te lo aseguro.
Los ojos de la chica se clavan en los de él durante unos cuantos segundos, hasta que los dos, sin seguir un guión, sonríen mientras la noche llega a la última noche del verano. Al día siguiente empezarían la universidad, y aunque ya saben que coincidirán en carrera, y en residencia, lo que no saben, es lo que les tendrá preparado el futuro. Porque ya se sabe que la palabra siempre muy pocas veces aparece en el diccionario del amor.
- ¿Cómo crees que será el futuro?
- ¿A qué te refieres?
- Digo, ¿Qué pasará mañana, cuando estemos en la universidad?
- Pase lo que pase, yo te seguiré queriendo.
- Ya, pero, ya se sabe que cuando una pareja entra en la universidad, no tarda ni tres meses en separarnos.
- Siempre hay una excepción que confirma la regla, y nosotros, la cumpliremos.
- ¿Y cómo?-
- Enamorándome de ti cada día.
- ¿Y si engordo?
- Yo haré que los espejos desaparezcan y solo te reflejes en los míos.
- ¿Y si te pierdo?
- Iré a buscarte
- ¿Y si no me encuentras?
- Iré a buscarte, y no me detendré solo en eso, haré todo para encontrarte.
- ¿Y si te olvido?
- Yo tengo amor suficiente para los dos
La joven sonríe nuevamente al escuchar las palabras de su novio. ¿Novios? Sí, nadie había dicho lo contrario. ¿Desde cuándo se pueden considerar como novios? ¿Desde la primera vez que quedan solos? ¿Desde el primer beso? ¿Desde que lo haces por primera vez? Pero de momento, nadie había dicho ni lo uno, ni lo otro. El reloj del chico marcó el toque de queda. Las once y media.
- Creo que deberíamos volver ya a casa. Tu madre se enfadará si no estás antes de las doce -dijo el chico abrazando aún con más fuerza a la chica.
- Tienes razón. ¿Cuándo nos volveremos a ver?
- ¿Qué tal mañana?
- ¿Donde?
- En la residencia...
- ¿A qué hora vais a salir de aquí?
- A las once saldremos de aquí ¿Y vosotros?
- Mi madre quiere salir de aquí a las nueve.
- ¿Sabes qué?
- Dime.
- Tal vez nos encontraremos en Madrid
- Eso es seguro, vamos a estudiar en Madrid.
- Te quiero.
- Te quiero.
Y con un nuevo beso bajo la luz de una farola, y la luna y las estrellas como únicos testigos del amor adolescente, sellan sus labios como si de un trato se tratara, pues Cupido también está presente en una residencia de universitarios.
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